DR. MOISES RUB

Biografía del Dr. Moises Rub

Noviembre 1927- Diciembre 2000

 

Moises Rub nació en Tishivetz  Polonia, donde estudió pre-escolar en el ‘Heder’, ahí como en su casa, se hablaba en Yidish.

Desde pequeño mostró ser estoico. Estando lista la familia  para emprender un largo viaje en barco con rumbo al Perú, tenía un brazo enyesado por un accidente en un subi-baja, su madre por temor a que no los dejen embarcar le hizo sacar el yeso y Moises tuvo que recorrer toda la trayectoria con este dolor.  Años más tarde con estoicismo y actitud luchadora, se sometió a diversos tratamientos para combatir el cáncer que finalmente le quitó la vida al mes de haber cumplido los 73 años de edad.

 En 1933 su familia se reubicó en el Perú. Ahí ayudaba a su padre vendiendo telas de puerta en puerta, eventualmente su padre montó un local de venta de telas y lo llamó ‘Casa Rub’. En casa ayudaba a su mamá en la cocina, batiendo los huevos a mano  para preparar mayonesa,  entre otras actividades. Su gran sentido del humor se manifestó desde muy temprano en su vida, siempre buscando el lado positivo  a todo. Cuando la madre lo mandó con unas gallinas para llevarlas al ‘Shojet’ se le escaparon en el camino y le dijo a la madre que ya no tendrían  que continuar comiendo carnes Kosher. En otra oportunidad fue en bicicleta a traer una encomienda para su madre, le robaron la bicicleta, de regreso a casa con una sonrisa  le dijo a ella que deberían comprar un auto, ya que no contaba más con su bicicleta.

En Lima cursó el colegio Guadalupe, honrando al himno con su‘entusiasta juventud’, siempre muy deportista y sociable, participó en el equipo de Básquetbol  y adquirió la ciudadanía Peruana de la cual siempre estuvo muy orgulloso. Sus hermanos mayores emprendieron las carreras de Farmacia e Ingeniería respectivamente. Durante sus estudios de medicina en la Universidad Mayor de San Marcos, trabajaba en sus ratos libres y de noche en la farmacia de su  hermana y colocando vacunas.  Con estos primeros ahorros logró comprar su primer auto, un ‘Morris Minor’. La tesis de graduación fue ‘La circuncisión en el recién nacido.’

Se casó con Raquel Stern de Rub y después de una luna de miel en Cuzco, se reubicaron en  los Estados Unidos de Norte América. Se especializó en Pediatría en el ‘Long Island Jewish Hospital’ en Nueva York, bajo la dirección del Dr. Samuel Karelitz. En 1956 regresa al Perú donde nace el  primero de sus 5  hijos, José Mark. En Lima trabaja en el ‘Hospital del Niño’, bajo la dirección del Dr. Carlos F. Krumdiek.

Establece su práctica privada, en un  consultorio en la Avenida Arequipa. Fue jefe del departamento de Prematuros y Recién nacidos del hospital  ‘Asistencia Social Santa Rosa de Lima’en Pueblo Libre. Él con 12 socios construyen y fundan la Clínica Javier Prado. Como visionario, al poco tiempo de trabajar en la Clínica fomentó la necesidad de ampliarla y adquiriendo un terreno adjunto construyeron una adición, donde creó y dirigió el departamento de Pediatría. Ahí trabajó desde 1964 hasta Diciembre de 1974. Su risa contagiosa se escuchaba a través de las paredes de su consultorio, la gente que visitaba el hospital contaba que lo habían escuchado reír.

En Diciembre del ‘74 se reestablece en los Estados Unidos de Norte América, donde  hace una residencia en pediatría en el Hospital Mount Sinai, en Miami Beach, Florida. En 1977 después de trabajar en distintas prácticas privadas, decide establecer ‘Rub Pediatrics’ en North Miami Beach. Eventualmente se reubica en el North Shore Medical Building, y abre una segunda oficina en la ciudad de Aventura. A esta práctica se le unen sus dos hijos Pediatras, el tercero Pulmonólogo Mario,  establece su propia práctica.

El núcleo familiar era primordial en su vida, la dedicación y devoción  para con su esposa e hijos fue ejemplar. Los veranos vacacionaban en Ancón, donde madrugaba para  bajar con su familia a la playa, jugaba paletas con ellos, trotaban por la playa, se  bañaban en el mar  y desayunaban juntos, antes de irse a trabajar a Lima.

Uno de sus hobbies era hablar en público, perteneció al Toast Master General por varios años. En Ancón estableció el Club de Conversación  donde la juventud era estimulada para hablar en público y preparar tópicos interesantes de conversación.  También mantenía una columna semanal en el periódico El Comercio donde daba consejos médicos. Incluía a su familia en todo lo posible, paseos, viajes, celebraciones. Inculcó el respeto por los seres humanos,’respetos guardan respetos’, la naturaleza, conservación de las reservas naturales, reciclar, establecer y alcanzar metas y conducir vidas productivas. Constantemente enseñaba a todos a su alrededor, corrigiendo la postura, hábitos alimenticios, instruyendo a vivir de una forma saludable, constructiva y activa.  Su energía y ‘joie de vivre’ eran de admirar.

Fue un educador sin imponer sus ideas,’solo puedo aconsejar, cada uno es libre de hacer lo que le da la gana’.Un simpático ejemplo fue cuando estando de visita durante el  invierno en Nueva York, su hija menor de 5 años de edad, vio por la ventana del hotel un cielo azul radiante, en Lima esto implicaría un día de verano. Toda la familia se estaba abrigando y tratando de convencerla a que se vista adecuadamente. Él dijo, ‘Déjenla que se vista como quiera’, lo cual fue un traje recientemente adquirido por ella, totalmente veraniego. Al abrirse las puertas automáticas del hotel, la familia procedió a salir a la nieve, Vivian dio un paso hacia adelante, soltó una lágrima y regresó al hotel para vestirse con ropa abrigada.

En Estados Unidos adquirió la ciudadanía Americana, vivió muy agradecido de la oportunidad de ejercer medicina en ese país. Se adaptaba a los cambios con convicción  y devoción.

Vio a sus hijos convertirse en profesionales, casarse, y se jactó de sus 16 nietos, los cuales fueron siempre un gran orgullo para él. Asistió siempre acompañado de su esposa a todos los eventos importantes en sus vidas viajando a los  nacimientos y cumpleaños de sus nietos en  California y Colombia, o asistiendo el mismo día a eventos en las escuelas de cada uno que quedaban a varias millas de distancia de una a otra.

Su religión judía fue siempre una parte integral de su vida, vivió bajo los principios regidos por ella, y por su tradición. Tzedaka [Justicia], beneficencia y la ayuda al prójimo fueron muy presentes en su vida cotidiana. En su escritorio siempre estaban las banderas de las tres naciones allegadas a su corazón, Israel, Perú y Estados Unidos.

Como médico fue un gran profesional, como amigo, siempre estaba dispuesto a escuchar, ayudar, aconsejar y acompañar al que lo necesite, tanto para los ratos buenos como los difíciles. Como deportista siempre jugó para participar divertirse y procuró ganar, compartiendo sus partidos semanales  con su pareja de dobles, su hijo Beny. Su lema era ‘mente sana en cuerpo roto’. Sus pacientes lo recuerdan con gran cariño, por su acertado diagnóstico, y calidad humana,’paciencia y buen humor’ siempre decía. Su energía, vitalidad, pragmatismo y  capacidad de trabajo eran de admirar.

Su familia lo lleva presente transmitiendo a los nietos la huella dejada por  tan noble persona, y compartiendo con todos la moral, y los principios de integridad y bondad que él les inculcó.

 

Anabel Rub Peicher